Dos mujeres adultas todavía juegan como niñas, con retazos de memoria dulce, con recuerdos que penden de una pestaña porque algún día van a necesitarlos. Inés, quien trata de terminar una relación, dice: “el tiempo, para mí, es la imagen de un pasillo oscuro dónde titila un foco de madrugada”. Y Matilda guarda celosa un puñado de palabras que escupe con contundencia: “un día las cosas ya no existen más”.
Esa es la descripción de “Invisibles”, la obra que bajará de cartel hoy a las 21 en CiTá Abasto de Cultura (La Madrid 1.457), con las actuaciones de Daniela Bazzi y Luciana Dimarso, dirigidas por Belén Mercado. La obra fue escrita por Dimarso, y fue elegida en la selección de dramaturgia del NOA de 2020, por el Instituto Nacional de Teatro, con diálogos atravesados por el humor en un texto que “habita la sensibilidad pero se burla de la sensiblería”, describe la autora y actriz.
“La relación entre estas dos hermanas está atravesada por la historia familiar, los recuerdos, los celos, las diferencias de carácter, la ambivalencia afectiva (tan característica de los vínculos familiares), el modo particular que cada una tiene de elaborar y manejar la pérdida, el amor, el desamor y los duelos, todo esto atravesado por una dinámica donde muchas veces prima la ironía y el absurdo”, señala.
Dimarso debutó en la escritura con esta propuesta, aunque está vinculada al teatro desde la adolescencia, especialmente en la actuación. “El deseo de escribir nació en la cuarentena, pensada para que la actúen dos mujeres. Que haya sido seleccionada fue el impulso necesario para concretarla y llevarla al escenario; ahora tenemos el deseo de continuar armando nuevos proyectos con este mismo equipo de trabajo”, señala.
La acción transcurre en la casa que era de los padres de las mujeres, un día antes que sea demolida para construir un edificio moderno. Matilda es la hermana mayor y aún vive ahí. Inés decidió irse hace varios años, pero vuelve ese día escapando de una decepción amorosa, en busca de refugio.
“Lo invisible tiene que ver con los silencios, las sombras y las repeticiones, con lo que encuentra expresión en gestos, movimientos, miradas, en el cuerpo, en la postura. Es la otra trama de lo familiar, tal vez lo que nunca pudo decirse, pero sin embargo todos lo saben. No es necesariamente un secreto, aunque puede serlo también; para visibilizarlo, algo tiene que romperse. Pero si todo fuera visible, no podríamos con ello; hay un misterio o un enigma inevitable, ineludible para que podamos circular en la vida, buscar respuestas, tolerar la existencia”, puntualiza.
Como dramaturga, se identifica con las nuevas tendencias que van surgiendo: “me parece interesante que haya más mujeres escribiendo teatro; en la convocatoria del INT también fue elegido un texto de la tucumana María José Medina, que viene hace varios años trabajando nuevas formas de pensar lo teatral”.